Cómo empecé a bordar

Bordado a mano

Me llamo Lidia y en 2018 empecé a bordar.

Desde bien pequeña he sentido especial atracción por las actividades manuales. Durante mi infancia pasaba horas dibujando y me encantaba todo aquel objeto que fuese la versión en miniatura de algo.

Siempre he gozado de grandes dotes de paciencia y he tenido buen ojo para los colores.


El bordado y la aguja: mis abuelas laboriosas

A mi abuela paterna le fascinaba hacer punto y tenía un gran cesto siempre lleno de lanas. Cuando empezaba una labor nos pedía opinión a mis primos y a mi para elegir los colores, así que así empecé a entrenar el ojo. A mi abuela materna se le daba muy bien la costura, y en su casa siempre tenía hilos y telas con las que fantasear.

Mi tía-abuela nos hizo a mis hermanas y a mí una maravillosa colección de ropa para nuestras muñecas Chabel, todo a base de retales y cosido a mano, que incluía vestidos, faldas, abrigos, bikinis, gorros, ponchos… Con sus consejos e intentando imitar esas prendas pequeñitas y estupendas aprendí a manejar la aguja y a distinguir un pespunte, una puntada invisible, un hilvanado e incluso el punto de escapulario para coser dobladillos. Con 11 ó 12 años ya le hacía pantalones y blusas a las muñecas, porque me encantaba coser todo en formato mini.

El bordado y el arte: adolescencia artística

Con 16 años tenía claro que quería estudiar arte y me decanté por el Bachillerato Artístico en la recién estrenada LOGSE. Entré en una escuela donde sólo se impartían estudios artísticos y donde tuve la fortuna de aprender dibujo y pintura, fotografía, talla en piedra y madera, teoría del color, técnicas artísticas… Unos años después me licencié en Historia del Arte en Madrid y cursé los estudios oficiales de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, también en Madrid.

El bordado y la ciencia: hilos, fibras y restauración

En estos estudios de restauración aprendí mucho sobre materiales y sobre cómo funcionan los colores y, cuando estaba cerca de titularme, tuve un re-enamoramiento con los textiles. Mi trabajo de fin de estudios, en 2009, trató sobre restauración de tejidos, y esa investigación que tuve que hacer sobre los tipos de telas, las fibras y cómo se comportan me fascinó. Poco después me preparé para una oposición para trabajar como restauradora en el Museo del Traje de Madrid y, aunque obtuve la máxima nota en la parte teórica, no logré la plaza, pero toda esa investigación me hizo profundizar muchísimo en el mundo de los tejidos. Así afiancé mi pasión por ellos.

El bordado y la técnica: aprendizaje bordador

Después de varios años compaginando distintos trabajos con la restauración, ya en 2018, empecé a sentir que necesitaba hacer alguna actividad manual que no fuese trabajo. Mis alumnas de restauración de muebles me decían “qué envidia me das, con este taller, que puedes dedicar tantas horas como quieras a restaurar, con lo placentero que es…”. Pero a mí no me convencía, porque para mí, la restauración era trabajo, y eso implicaba tener que hacer las cosas rápido y de forma eficiente. Es decir, estrés.

Con ese run run en la cabeza, y quizá influida por el nuevo auge de las labores que se estaba produciendo desde hacía algunos años, decidí que quería aprender a bordar. Las redes sociales me ayudaron a ver cómo hilos, colores y paciencia se podían conjugar en una actividad preciosa. Además, poco a poco pude experimentar cómo el bordado, que algunos han llegado a llamar «el nuevo yoga», me producía una paz interior que hacía años que no experimentaba.

Durante unos meses tomé clases con una bordadora de alta costura que me enseñó todo lo necesario para iniciarme en la técnica, y tres años después, mitad autodidacta, mitad alumna de distintos cursos, aquí me encuentro, impartiendo talleres y creando mi propia web de bordados. Te invito a escudriñar su contenido y, sobre todo, espero servirte de inspiración.

¡Gracias por visitarme!

Lidia